IV
Manuel estaba esperando a la vera de María Isabel. Tumbada, sumida en la agonía de los últimos compases que daría su corazón. No pensaba, estaba.
¿Qué haré sin ti?, le preguntó Manuel aún a sabiendas de que ella no le iba a responder, mientras penadas lágrimas no dejaban de precipitarse por su barbilla. Quedaba poco tiempo, puede que segundos, quizás nada.
Tal vez ya se fue cuando Manuel le cogió de la mano y la acarició levemente, recreándose en el roce de sus dedos con su piel. Y en ese instante la sintió, y en ese preciso momento, lo sintió. Se rompió su proyecto después de aferrarse a él durante más de 25 años, la mitad de su vida.
El fin de la espera, un drástico cambio, la angustia cesó. Pensó en el mayor fruto de su compromiso vital, María. Le quedaba ella. Ella le daba sentido. Ella era el sentido. El sentido por el cual debería de empezar de nuevo, aprender a soportar el profundo dolor que le causaba la huella de la ausencia que imprimió tal acontecer, un inabarcable vacío, en lo más profundo de su ser.
Después de compartir la cotidianidad, la singularidad, la intimidad de sus días, de repente, la calidez desapareció. La mano de su amada estaba fría.
3 Comments:
interesante historia
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